El masaje sueco es un tipo de masaje destinado a eliminar las tensiones y a reafirmar músculos y articulaciones. Su efecto tonificante y relajante favorece la circulación sanguínea y linfática y la eliminación de toxinas y ayuda al cuerpo a reencontrar su equilibrio natural.
El masaje sueco puede ser lento y suave, o vigoroso y tonificante, en función de qué estilo practique el masajista y de los objetivos que se persigan: no es lo mismo querer simplemente relajarse que actuar sobre una contractura, además el masajista suele usar aceites aromáticos o alguna crema para ayudarse en su tarea.
El masaje comienza con unos deslizamientos sedantes, para relajar, o por una fricción, para hacer que el cuerpo entre en calor. Luego viene una maniobra en sentido centrípeto (hacia el corazón) para que la fluya la sangre y se renueve. A continuación se realizan los amasamientos, con el fin de tonificar y nutrir los músculos del cuerpo. La sesión se puede completar con presiones, vibraciones o cacheteos y al final se aplican nuevos movimientos relajantes.
Aunque no se tiene por qué seguir este orden, normalmente se comienza tumbado bocabajo y lo primero que se trabaja es la espalda. Después la parte trasera de cada pierna. A continuación, hay que darse la vuelta para masajear la parte delantera de las piernas, los brazos y por último el cuello y los hombros. En general, una sesión dura entre 45 y 50 minutos, aunque se puede extender hasta los 75-90 minutos si queremos algo más profundo
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